Danza de los Enanos de La Palma

“(...) ¿Qué son los Enanos? De ellos puede decirse mucho: un prodigio de inocencia, originalidad e ilusión: puede decirse con Nervo: quien los vio no los puede jamás olvidar. De ellos puede decirse todo, menos decir qué son. Porque no basta describir y decir que hay un premioso paseo de treinta magos cansados, o frailes agobiados, o astrólogos lentos, o romanos tardos, o cardenales torpes, según convengan en aparecer cada lustro: en todo caso se mueven apoyados en lanza, cayado, vara, báculo, rejón, según convengan cada lustro, y cantan cansinos, hasta que el propio cansancio y la impaciencia de la gente los mueve a entrar por una de las dos puertas de una pequeña caseta. En ese instante irrumpe una polca schnell y los que van entrando salen por la otra puerta de manera inmediata convertidos en enanos saltarines, ágiles, alegres, prodigiosos y danzan y danzan y danzan y trenzan la magia de la danza que la gente danza mientras los vive...”
Luis Cobiella Cuevas.
Pregón de la Bajada de La Virgen, 2000

Su origen lo encontramos en las fastuosas representaciones primigenias del Corpus Christi. Desde el primer instante en el que las primeras familias de los conquistadores se asentaron en la “Villa del Apurón”- como se conocía a la incipiente capital palmera-, se iniciaron los solemnes cultos al “Cuerpo y la Sangre del Señor”. Se fueron representando las celebraciones intramuros con gran ornato y, ya en el exterior de los templos que se iban edificando, procesiones multitudinarias, sentidos autos sacramentales y graciosas danzas en honor al Santísimo, actos muy aplaudidos por la feligresía.

El Obispo de Canarias don Diego de Deza y Tello ordenó el 19 de agosto de 1558 que en la fiesta de Corpus se iniciara la piadosa costumbre de hacer un teatro en la misma puerta de la iglesia de El Salvador donde se entronizara al Santísimo Sacramento y allí se llevase a cabo dignamente las representaciones, danzas y regocijos en su honor.

Es precisamente en estos importantes actos donde surgen unos “Xigantes” en el siglo XVII, sufragados por el antiguo Cabildo de la Isla (hoy Ayuntamiento capitalino). Junto con esos mascarones gigantes también actuaban “cabezudos y enanos” como se hacía tradicionalmente en algunos pueblos y ciudades peninsulares. Así, por el Siglo de las Luces, aparecieron en las entrañables fiestas palmeras unas figuras regordetas y fachosas que satirizaban a la gente del común y a las personalidades de la época, a las altas instituciones, etc., todo ello envuelto en el más socarrón y exquisito buen humor.

El desaparecido historiador palmero Fernández García nos informaba de que “los enanos quedaron como una singularidad en la fiesta lustral de La Palma, a diferencia de los que se llevaban a cabo en la Península, puesto que nuestra danza y las figuras reúnen unas características especiales”. Así mismo, los festejos se completaban con unas espectaculares loas marianas y carros alegóricos y triunfales en honor a Nuestra Señora la Virgen de Las Nieves, Patrona de La Palma y de los Palmeros. Existe un antiguo manuscrito de1744 en el que dice ser el “Primer auto mariano”.

Llegaron las reales órdenes prohibiendo las danzas y los gigantes en las sacras procesiones en tiempos del rey Carlos III (1780). Previamente el Obispo de Canarias don Fernando Suárez de Figueroa había censurado este tipo de actos en las iglesias palmeras a finales del siglo XVI, pero nunca dejaron de representarse en los festejos, aunque haciéndolo en las plazoletas y lugares públicos.

El simpático y entrañable mascarón, tradicional en las fiestas castellanas de Corpus que pasaría a Valencia y a otros lugares, había suscitado el interés y curiosidad en las cortes y círculos culturales europeos desde el inicio de la civilización occidental y que “en 1833, veinte años después de la muerte de Viera y Clavijo, iba a iniciar por sí mismo, gracias a la fe y a la creatividad de los palmeros, una nueva singladura histórica en la capital de La Palma”.

“Los viejos que aquí se ven
y cantamos con afán,
le imploramos a Miriam
nos dé siempre la salud;
y que torpe nuestro ser,
a pesar de nuestras canas,
como flores más lozanas,
en alegre juventud”

Coro de Viejos. Domingo Carmona, 1905

Alberto José Fernández García nos informaba de que “la noticia más antigua que hemos encontrado de la Danza de Los Enanos, nos la da el sacerdote don Celestino del Castillo Martín (1817-1874) con motivo de la real proclamación de Isabel II”. El clérigo había escrito el 27 de diciembre de 1833 que “a las ocho, además de la iluminación, empezó en las plazas y calles un graciosísimo baile de seis enanos y otras tantas enanas vestidas a la española antigua y terminó a medianoche”. Este primer documento conocido se conserva en el archivo particular del cronista de la capital palmera don Jaime Pérez García.

“Un soplo de juventud
torne a nuestro corazón
reliquia de inspiración
del tiempo aquel que se fue.
Y de la danza al compás,
nuestras antiguas gargantas
a Miriam estrofas santas
cantarán llenas de fe”.

Coro de Viejos. José Felipe Hidalgo, 1910

La periodista palmera doña María Victoria Hernández complementaba y ampliaba esta primera data documental con una referencia inédita hasta entonces: “a las ocho de la noche del veinte y siete empezó en la Plaza principal una graciosísima contradanza de seis enanos e igualmente número de enanas perfectamente imitados y vestidos a la Española antigua, costeados y ejecutados por varios jóvenes, bajo la dirección de Don Miguel Torres, con cuya diverción todo el Pueblo estuvo muy gustoso y entretenido hasta tarde de la noche”. Reseña documental escrita por el escribano del Cabildo palmero don Manuel del Castillo Espinosa, con motivo de la proclamación de doña Isabel II el 26 de diciembre de 1833 que se halla custodiada en la Biblioteca Pública Municipal de Tenerife.

“Hendido el pecho de dicho y gloria,
vibrantes himnos cante a María,
llevando un triunfo nuestra alegría
dulces cadencias hasta su altar.
Y con las palmas de cien combates,
Fieles, alcemos verde dolceles
Que, en noble ofrenda, nuestros laureles
Sus sienes castas han de nimbar”.

Coro de Guerreros. José Felipe Hidalgo, 1910.

Existe otro folleto sin firma, atribuido a don José Díaz Duque y publicado en 1985, donde se dice que don Miguel de Salazar y Umarán tuvo la brillante idea de la transformación con doce hombres vestidos del siglo XVII y “las enanas ya transformadas se introducían en la segunda parte”. Sin que se den más detalles ni se aporte fuente documental alguna, se afirma que fue ideada para la Bajada de la Virgen de 1835. Así, de esta feliz idea salió la representación de “unos danzantes con levita, ajustado calzón y bicornio francés”. Las enanas surgieron ante el éxito de los enanos. Fue doña Josefa Salazar Arrocha quien “presentó réplicas femeninas, aderezadas a la española, con miriñaque, mantilla, flor y peineta para tapar el secreto.”

“(...) Los enanos de La Palma, nos comenta Juan Julio Fernández, son desproporcionados, pero elegantes, algo fachendosos, pero no fanfarrones; un tanto narcisos, más petimetres. Y, por encima de todo, son simpáticos, alegres, confiados y ¡entrañables! Siguen siendo, a pesar de mostachos y perillas, y crecidas melenas, un mucho niños y un tanto locos, rendidamente entregados a la historia y al mito en esta gruta encantada que sigue siendo la isla donde la última referencia es la Virgen de Las Nieves (...)”
Miguel Martín
«La Danza de Los Enanos»

Una nueva referencia histórica tiene lugar en el periódico local El Time en 1865. Allí se comentaba que en la “Danza de este año intervinieron doce parejas de enanos de ambos sexos, perfectamente figurados”. En esa edición se contó con la dirección de don Miguel Torres Luján.

Continuaron las menciones en los diferentes periódicos en sucesivas ediciones. Así, en La Palma (1875) se nos informa de que “se ejecutó la antigua danza de enanos”; en El Eco (1885): “por la noche se ejecutará la antigua y conocida danza de enanos de ambos sexos”; en El Adalid (1895) ya se menciona como uno de los números más tradicionales de las Fiestas Lustrales que recorrieron las calles y plazas de la capital un jueves 16 de abril de aquel año.

“Peregrinos de la fe
en la sacra religión,
venimos con devoción
a rendir culto a Miriam.
Y pedirle con afán,
al pie de su ara bendita
nos dé su gracia infinita
para nuestra salvación”.



Coro de Peregrinos. José Acosta Guión, 1915.

Fernández García nos los describía así: “las figuras fachosas se vestían de igual forma a como lo hacen en la actualidad, pero suplían el gorro actual por un miriñaque de abrir y cerrar al centro, en el arco inferior. Al comenzar al baile, lo elevaban sobre la cabeza, y al cerrarlo, en forma de abanico, quedaba formado el sombrero. Las enanas también vestían de miriñaque, que no elevaban, pero el cuerpo del bailarín era cubierto por una capota o con mantilla y peineta adornada con flores”. Como podemos apreciar, una apariencia muy diferente a la actual. La presencia de estas enanas en el baile duró hasta 1900, pero siempre fueron hombres los figurantes y nunca mujeres.

“Jueves, noche. 8 de abril de 1875: la tradicional Danza de Enanos, vestidos con exquisito esmero, especialmente las hembras. Salió de la Plaza de San Francisco…”

“Jueves, 10 de julio de 1980: Danza de los Enanos (ahora sólo bailan los hombres). Espectáculo entrañablemente unido a la fiesta de la Bajada. De gran ingenuidad y gracia. Letra: Manuel Henríquez Pérez. Música: Domingo Santos Rodríguez…”

Cuando en 1905 se anunciaron los Viejos que, después de una danza coreada – con letra del poeta satírico Domingo Carmona Méndez (1854-1906) y música del culto doctor Elías Santos Abreu (1856-1937) – se transformarían en Enanos por invención de Miguel Salazar Pestana, la capital lucía aseada y romántica con el primer alumbrado público del Archipiélago: los focos eléctricos sustituían las hachas y teas en las iluminaciones.

“Madre, de tu altar al pie,
llenos de cristiana unción,
nuestra eterna salvación
te venimos a implorar.
Nuestra fe te consagramos
y por reina te aclamamos
de la tierra y de la mar”.

Coro de Monjes. José Acosta Guión, 1920.

La peculiar y extraordinaria Danza mágica contó con libretos del versátil José Felipe Hidalgo (1884-1971) y de José Acosta Guión (1881-1967); José Lozano Pérez (1890-1951) escribió inspirados y sutiles madrigales entre 1925 y 1950; Félix Duarte Pérez (1895-1990) firmó las loas estudiantiles de 1955 y las cardenalicias de 2000. Manuel Henríquez Pérez, entre 1960 y 1995, aún después de su muerte, batió el récord de permanencia como autor de la letra de los coros que dan paso a la transformación de los enanos. El letrista, nacido en 1923 en la capital palmera y de la que llegó a ser su cronista oficial, falleció el 24 de julio de 1993. Su último “homenaje” de amor a Nuestra Señora de Las Nieves fue en la Bajada de 1990, participando en la “Peña” de los Enanos, ese año, con el atuendo alegórico de “navegante”.

“De nuestros remotos reinos
hemos venido a adorar
a la Virgen de Las Nieves
Reina y Madre Celestial.
Como es nuestra protectora,
Con un no mentido afán
nuestras espadas fulgentes
defenderán a Miriam”.

Coro de Reyes. José Lozano Pérez, 1925

A partir de 1905 (Viejos) y por este orden, se sucedieron las distintas representaciones y sus autores: en 1910, Guerreros y después Viejos en dos transformaciones con letra de José Felipe Hidalgo; 1915, Peregrinos; 1920, Monjes Blancos, de José Acosta Guión; 1925, Reyes; 1930, Japoneses; 1935, Romanos; 1940, Doctores; 1945, Nazarenos; y 1950, Consejeros, todas con versos de José Lozano Pérez; 1955, Estudiantes, de Félix Duarte Pérez; 1960, Taumaturgos; 1965, Atenienses; 1970, Dominicos; 1975, Astrólogos; 1980, Musulmanes; 1985, Peregrinos;1990, Navegantes; 1995, Vikingos; 2000, Cardenales, todas debidas a la pluma de Manuel Henríquez Pérez. En la edición de 2005 la alegoría será la “Marcha de los Caballeros”, cuya letra es de Luis Ortega Abraham y música de Juan Francisco Medina.

La Danza de Enanos consta de dos partes:

- La primera, al son de una marcha sencilla y pegadiza, siempre de autor local y a coro unísono, se interpretan emocionadas salves y loas a la Virgen de Las Nieves; una ofrenda interpretada por hombres “de tamaño normal” vestidos con suntuosas capas y varas largas (en forma de bastón, báculo, farol, remo, cayado, lanza… según sea la alegoría representada) que les sirven de apoyo durante la función, mientras “componen una añeja coreografía de filas, rombos y corros”. El coro o “la Peña”, grupo de cantantes ataviados de la misma guisa que el resto- que representan personajes, que cambian de una fiesta a otra, y que suelen encarnar unos híbridos de la historia y de la fantasía-, se ha situado en una tarima y en un tono más alto interpreta a dos voces las siete estrofas de la loa. Repiten hasta ocho veces el estribillo. Durante la interpretación de éste, “los danzantes se paran y, desde filas paralelas y cara al público, repiten en tono mayor sus orígenes lejanos y su encendida devoción”. Aquí cantan danzarines y Peña. Año tras año, y con estos cambios de personalidad, van cambiando también las letras y la música, aunque ésta es siempre tan parecida con las anteriores, que podría afirmarse que no cambia, que ha sido siempre la misma.

“Suena la música, y a su son, salen a través de una pequeña caseta de dos puertas, dos hileras de hombres, ataviados de largas túnicas, que por sus dibujos, nos dejan conocer la personalidad de quienes las visten; un año han sido estudiantes, otro doctores, otro astrólogos, cada año son distintos los personajes, que viene a ofrecer sus cantos a la Virgen de Las Nieves, porque esto es lo que nunca cambia sus canciones, son siempre loas a la Virgen:

“Desde remotos confines
hemos venido soñando,
sobre las ondas del mar,
y a la Virgen de Las Nieves
nuestra loa le ofrecemos
porque con fervor queremos
verla en su trono reinar.”

Coro de Astrólogos, Félix Duarte, 1960.

"Y mientras ellos cantan el estribillo, cinco escogidas voces, subidas sobre una peña, van lanzando al aire sus enfervorizadas letras a María".
Félix Duarte
Bajada de La Virgen- Historia

- La segunda parte supone la mágica transformación en enanos fuera de la vista del público en el interior de la caseta bellamente decorada y de dos puertas. “Cuando el tránsito por el túnel diáfano de la Caseta materializa el secreto y cambia peregrinos (guerreros, astrónomos, estudiantes, nazarenos, reyes, frailes, viejos, navegantes…) por los minúsculos danzarines, la emoción sólo deja sitio al baile ingenuo y trepidante, a la agilidad, destreza y gracejo de los liliputienses, cuyos pasos, cada vez más rítmicos y veloces, el gentío palmea ilusionado”. (El Secreto del Enano)

“Protagonistas indiscutibles de las Fiestas Lustrales de La Bajada de La Virgen, la Danza de Los Enanos evoca un sentimiento especial para los palmeros y a todos aquellos que nos visitan, siempre sorprendidos por unos segundos de misterio y magia en la noche del jueves durante la transformación, momentos en los que aparece, de repente, el primer enano. Es el instante del milagro, el feliz encantamiento que se refleja en las mil expresiones de la cara de las gentes(…)”
Miguel Martín
La Danza de Los Enanos

“Los graves trovadores se retiran con el último compás y, con un leve fru-frú de tela, un simpático fanfarrón abre la cortina y otea a la audiencia con descaro; ésta le responde con aplausos y asombros, y el Enano número 1 adelanta su pie derecho, calzado con zapatilla de charol y hebilla dorada y da el primer paso; rompe a bailar y otros, a su espalda, le secundan y forman filas simétricas que, con marcialidad y gracia, trenzan la celebérrima polca, que principia solemne y acaba frenética”.

El secreto del Enano

“Ya han terminado los cantos y las evoluciones, ahora empieza lo grande, lo misterioso, lo que verdaderamente llama la atención de esta danza, ahora es cuando después de pasar a través de la misma caseta, los vemos salir de nuevo, pero… ya no son aquellos hombres, ahora, son pequeños y simpáticos enanitos, ataviados de gran sombrero e impecable levita. ¿Cómo han logrado transformarse? Ésa es la pregunta que ronda todos los cerebros de nuestros visitantes, la noche de la Danza de Enanos. Y los simpáticos Enanos, no saben cantar, por eso, le ofrecen a la Virgen lo que saben hacer, bailar maravillosamente una alegre polka…”

Félix Duarte
Bajada de La Virgen – Historia

El momento de la transformación es, pues, cuando culmina la tensión emotiva de los espectadores, y está marcado por la interrupción de la música y coros de la primera parte y el comienzo inmediato de la polka que bailan los enanos que empiezan a salir de la caseta cuando todavía están entrando por su parte trasera los danzantes todavía no transformados.

El polifacético Beneficiado de El Salvador don Manuel Díaz Hernández, popularmente conocido como el “Cura Díaz”, confeccionó algunas caretas para Los Enanos. Era un hombre liberal, destacado constitucionalista y amante de las artes plásticas y los regocijos populares. Algunas han llegado hasta nosotros en un lamentable estado de conservación. Otras habían sido pasto de las llamas en el pavoroso incendio del Casino capitalino donde se hallaban guardadas el 8 de julio de 1931. Recogiendo el relevo artístico, debemos al artista palmero don Félix Martín Pérez, la continuación de la ejecución de análogas figuras. Al querido vecino y profesor de la escuela de Arte y Oficios de la capital le debemos, no sólo la ardua labor de forja y modelado de las caras de los veinticuatro enanos, sino la complicada, emotiva y delicada ceremonia tradicional de vestir al enano desde la tarde de ese jueves. Es, junto al misterioso y mágico instante de la transformación, el secreto mejor guardado.

“Del imperio del Mikado,
a esta ínsula llegamos
porque todos profesamos
de Cristo la santa Fe.
Y pedimos a la Virgen
de Las Nieves venerada
sea siempre la abogada
del cristiano japonés”.

Coro de Japoneses. José Lozano Pérez, 1930.

Es precisamente un hijo de este artesano, don Luis A. Martín Rodríguez, quien actualmente se ocupa en la restauración, reciclado y mantenimiento de las caretas de los enanos en su taller del Barrio de La Canela (San Sebastián). Para él, “lo de las doce parejas de Enanos – numerados con o sin punto- tiene su origen en el número mágico, bíblico: los doce apóstoles, los signos del Zodíaco, los meses del año, la docena de huevos…” Heredó de su padre, hace más de treinta y cinco años, esta afición artesanal, por vocación y tradición. Carga con la delicada responsabilidad de adaptar las caretas a las características físicas y medidas de los danzantes. Para este artista, “la iconografía de los Enanos proviene de una burla deliberada del estilo militar napoleónico. Una mirada irónica fijó el vestuario: bicornio galo, casaca, zapatos con hebillas, camisas con chorreras y lazo, medias, peinados… Lo más importante de la Danza es la transformación, que es un acto de prestidigitación, magia”.

El palmero don Francisco Arrocha Méndez, conocido popularmente por “Quico el Cigarrito”, sigue siendo recordado en El Paso por haber aceptado el reto de organizar una Danza de los Enanos en aquella ciudad sin el permiso de las competentes autoridades capitalinas, aceptando la petición que le hiciera el alcalde pacense don Vicente Santana. Don Cirilo Leal Mújica nos recuerda en un artículo de prensa local que “de aquella intentona aún se guarda memoria y testimonio gráfico”. Continúa informándonos de que “la evocación de este episodio contestatario de su existencia le produce risa, la algazara de un veterano bailarín que conoce todos los secretos del arte de la metamorfosis de los gigantes que se transmutan en un santiamén en enanos en las tripas de la barraca de los milagrosos”. En el artículo, titulado «Los enanos apócrifos. Una aventura que nació y murió en El Paso» recoge las palabras de aquel vecino: “Les hice seis enanos y seis enanas. La actuación se hizo en el cine. La música fue la misma, la polca de los enanos”.

“Del Sacro Romano Imperio
somos libres ciudadanos
fervientísimos cristianos:
el Cristianismo es la luz.
Y cantamos a la Virgen
de Las Nieves, milagrosa,
Madre la más amorosa
Del devoto de la Cruz”.

Coro de Romanos. José Lozano Pérez, 1935.

El año lustral de 1935 ha pasado, como nos dice doña María Victoria Hernández – cronista oficial de Los Llanos de Aridane- “por ser la primera vez, que sepamos, que salieron de Santa Cruz de La Palma, donde nacieron los Enanos de la Bajada de la Virgen. Otras representaciones extraordinarias posteriores también son ya historia y como siempre, el palmero defendió su permanencia sólo en el año lustral y en honor de la Virgen y Patrona de la Isla, Nuestra Señora de Las Nieves”. Fue precisamente ese año cuando la palmera danza salió de las fronteras insulares. Como reflejaba el Diario de Avisos (29 de noviembre de 1935): “En el Vapor ‘León y Castillo’ embarcaron anoche para Tenerife el personal de la ‘Danza de Enanos’ y sus directivos don José Massieu y García y don Pedro Díaz Batista, que van contratados para dar unas representaciones en la Plaza de Toros de la capital provincial”. En la edición de 1935, los Enanos, en su primera parte, habían vestido el traje de romanos, cuya letra había sido escrita por don José Lozano Pérez.

Debido a las fuertes lluvias registradas en Santa Cruz de Tenerife, no pudo representarse la danza en la Plaza de Toros, pero sí en el Teatro Guimerá. La cronista llanense nos recuerda cómo se reflejó el espectáculo en la prensa de entonces, concretamente en el periódico tinerfeño Hoy: “… el domingo último se celebró en el Teatro Guimerá una magnífica fiesta de arte, en la que figuraba como número de fuera la presentación de la ‘Danza de los Enanos’ de La Palma”. Continuaba relatando: “No cabe duda que los Enanos palmeros constituyen un número de sorprendente realidad y de gran vida escénica, sobresaliendo la rapidez de la transformación, que el público acogió con fervoroso entusiasmo”.

“En los antiguos liceos,
estudiando intensamente,
conquistamos, noblemente,
la eficiencia del Doctor.
Y a la Virgen de Las Nieves
Le cantamos esta noche,
en prodigioso derroche
de católico fervor”.

Coro de Doctores. José Lozano Pérez, 1940

El periódico Acción Social había sido tajante en cuanto a que esta tradición saliese de La Palma, puesto que “cada cosa tiene su escenario y su momento, que el caso de hoy no podrá ser nunca otro que las calles de Santa Cruz de La Palma una madrugada de la primavera, rebosante de rojos cortinones y de gentes que corren, luchan por un sitio que luego perderán, seguramente, por ver un instante el monstruo, y luego a empujar, a engañar a un guardia, y … a no poderlos ver tampoco… será pues, preciso llegar a la Alameda – si yo sé me acuesto a las 8 y me levanto de madrugada – habrá quien lo diga … y esto también forma parte indudable de ‘los Enanos’ …”. Esa misma publicación había hecho pública la siguiente reflexión: “Que la gente joven quiera darse ese paseíto a la capital de la provincia, hasta ahí llegamos, pero las personas mayores, esas que presumen de amar su tierra, de patriotas y hasta de religiosos, no deben consentir que se haga esa máxima tontería que nos desacredita y desluce las fiestas lustrales, contribuyendo no poco a que llegada la ocasión disminuya el número de coprovincianos que nos visiten. Hay que pensar un poco más en La Palma”.

“Del alma un intenso grito,
de magníficos fervores,
rica faceta de amores,
reliquia de santidad.
Y es la Virgen de Las Nieves
que al Nazareno da alientos
y en la noche sentimientos
de inquebrantable piedad”.



Coro de Nazarenos. José Lozano Pérez, 1945.

Volviendo con los “auténticos y únicos Enanos”, en el año 1905, la letra fue escrita por el prestigioso médico e investigador palmero don Elías Santos Abreu (1856-1937) mientras que su hijo, don Domingo Santos (1902-1979), fue el creador de la actual y pegadiza polka. Una popular música contagiosa y encantadora que ha hecho bailar a viejos, peregrinos, guerreros, reyes, romanos, astrólogos, monjes, japoneses, doctores, nazarenos, consejeros, estudiantes, taumaturgos, atenienses, dominicos, musulmanes, navegantes, vikingos, cardenales… Todos ellos protegidos por fabulosos ropajes usados en la primera parte de la sentida loa a “La Morenita”, desprendidos de ellos mágicamente en el interior de la caseta, donde tiene lugar el repetitivo prodigio del jueves anterior a su Bajada. El primer enano surge de las entrañas ocultas y se convierte con la polca, ante un enfervorizado público, en un ser especial, en un mágico y feliz pregonero de La Virgen, que baja ya. Una simbología única e insustituible en nuestras tradiciones y nuestras fiestas.

“A la Virgen de Las Nieves,
Consejeros ponderados,
cantan enfervorizados
esta noche una oración.
Y ante la Virgen Bendita,
En estos bellos momentos,
derraman los sentimientos
de su noble corazón”.

Coro de Consejeros. José Lozano Pérez, 1950

La Danza de Enanos- desde que fue dirigida en su primera edición por don Miguel Torres-, no sólo se ejecutaba como preámbulo a la Bajada de la “Señora del Monte”. Alguna brillante efeméride nacional o conmemoración importante de la Isla era motivo suficiente para que se disfrutase con este entrañable y anhelado espectáculo. Como ejemplo, se danzó ante el anterior Jefe de Estado don Francisco Franco el 20 de octubre de 1950, año lustral, en el Muelle de la capital palmera y en presencia del Ministro de Gobernación, el palmero don Blas Pérez González. Más tarde, ya fuera de su contexto lustral, tan sólo se ha representado ante SS.MM. los Reyes de España en su visita oficial. Tuvo lugar en la renacentista Plaza de España de la misma ciudad en mayo de 1986. Todavía se conserva en las retinas de los testigos el semblante asombrado de la Reina cuando apareció el primer Enano por la puerta de la caseta.

“Peregrinos de las cumbres
tú que el día veinte y tres
dicen que los enanitos
les van a bailar al Rey.
Aunque hay oposición
En diferente opinión
En nuestro pueblo palmero
Habrá gran expectación”

Parodia de la danza de Enanos 1985 para la Visita de SSMM los Reyes en su visita el 23 de mayo de 1986. Autores: “Fesafeca y Frapape”.

También se ejecutó la danza durante los actos de la conmemoración del 500 aniversario de la Fundación de Santa Cruz de La Palma, en mayo de 1993, donde también tuvo lugar una visita extraordinaria de Ntra. Sra. de Las Nieves.

“Al estudio consagramos
nuestra juventud, tesoro
más deslumbrante que el oro
adquirido con honor.
Y a la Virgen de Las Nieves
Cantamos, pues su victoria
¡que es reflejo de la Gloria
que al mundo llenó con amor!”

Coro de Estudiantes. Félix Duarte Pérez, 1955.

“Pese a la tentación de la añoranza, la larga secuencia temporal ha sido, y será, la clave de su atractiva permanencia en el programa y el seguro de su éxito, porque, cuando por causas puntuales e interesadas, los Enanos salieron de ese marco, peligraron las vértebras del artificio y la sorpresa”.

El maestro don Gustavo Gómez Salazar, miembro de la anterior Comisión Técnica, decía emocionado que “a partir de 1900-1905, mi abuelo Miguel Salazar Pestana ideó la transformación en la caseta, así como la utilización del bicornio francés (…).” También indicaba los requisitos imprescindibles para ser incluidos en el selecto grupo de Enanos: “Para mí las condiciones exigidas para bailar la mágica danza son tener oído, ritmo, fuerza de voluntad y resistencia física”. Hay que tener en cuenta que, cuando en 1835 bailaban las figuras de enanos y enanas, los hombres danzantes se transformaban ante el público; incluso, como dice Félix Duarte, “antiguamente no había coros que luego que se transformaran, sino que los Enanos salían directamente a bailar”.

“Descubrimos una estrella
más brllante que mil soles
y venimos a ofrendarle
nuestros humildes fervores.
“Estrella de la Mañana”
te llama tu letanía:
alienta nuestros quehaceres
¡oh! ¡Dulcísima María!."

Coro de Astrólogos. Manuel Henríquez Pérez, 1975.

Don Miguel Salazar Pestana, junto con don Guillermo Pérez Cabrera, don José Castro Pérez, don Pedro Díaz Batista y don Mariano Ferraz de Paz y algunos otros recordados personajes se unen a la lista de unos aficionados que corrían a cargo de las pruebas. En el recuerdo están los primeros ensayos en la ermita de San Sebastián con sus numerosas anécdotas. Don Antonio Méndez (el Enano “número 1 con punto”), ya retirado después de treinta años de vivencias y recuerdos de las Fiestas Lustrales, rememora aquellos irrepetibles momentos, con don Domingo Santos sentado al piano, a don Pedro Díaz de pie, “con la caña dando golpes rituales en el suelo y, como o, a Felipe Henríquez en el altar del templo, trabajando las cañas y dándole formas a los sombreros. Eran momentos de cariño y alegría con el número principal de las fiestas…”

“Desde el ágora ateniense
a la Virgen de Las Nieves
en unión de los palmenses,
hemos venido a cantar.
Madre del Dios ignorado,
que Pablo de Tarso, un día,
por nuestro bien y alegría
a los griegos descubrió”.

Coro de Atenienses. Manuel Henríquez Pérez, 1965.

La vestimenta se hacía desde antiguo en las casas de las familias pudientes de la capital palmera. Son estas acaudaladas personas las que sufragaban todos sus gastos. Actualmente es la Corporación Municipal la que corre a cargo con los mismos. Una institución que siempre ha cuidado que el precioso número tradicional no vuelva a salir de las fronteras insulares ni sea plagiado.

Efectivamente, lo más delicado y complicado en la preparación de esta danza es el rito doméstico de vestir al enano, porque hay que construirlo materialmente sobre el cuerpo del danzante, cuyo trabajo, hecho en casas particulares que conservan la tradición, lleva muchas horas de la tarde que precede a la representación cinco años esperada, y en él participan afanosamente, con telas, adornos, trapos y puntadas, las manos habilidosas que llevan muchos lustros haciéndolo y las nuevas que van iniciando.

En cierta ocasión una murga del Carnaval de Las Palmas “Los Marchosos”, vestidos de Enanos palmeros, a cara descubierta, tuvieron la desafortunada idea, en aras de una originalidad mal entendida, de utilizar la “Polka de la Virgen” para uno de sus números. Sus letras, como es frecuente en dichas murgas, estaban llenas de improperios y desprestigios para los tinerfeños. Fue el colmo del mal gusto que, afortunadamente, quedó en un desagradable incidente. Pidieron disculpas y el asunto quedó olvidado, en principio.

Construida con una estructura ligera, con listones y tela para facilitar su transporte por la Calle Real, durante el llamado “kilómetro áureo entre el Muelle y la Alameda”, y decorada con elementos alusivos al argumento elegido para ese lustro, la Caseta es diana de todas las miradas que se clavan en la cortina que oculta el prodigio.

“Encendidos en amores
hacia la Reina eternal,
los frailes predicadores
los venimos a cantar:
Madre del Verbo encarnado,
En mi boca pon, Señora,
La Palabra Salvadora”.

Coro de Dominicos. Manuel Henríquez Pérez, 1970.

Después de las representaciones de la Plaza de Santo Domingo (aunque en la última edición fue en el Recinto Central de las fiestas, en el Muelle), la curiosa comitiva de Enanos se traslada a las adoquinadas y abarrotadas calles de la ciudad, donde se repite incesantemente la portentosa transformación. Desde hace horas los recintos acotados de las plazuelas y tramos de la Calle Real están repletos de un público expectante y ansioso por renovar la promesa de disfrutar de ellos, después de una espera que ha durado cinco interminables años. Continuarán bailando infatigablemente hacia el Barco de La Virgen, siempre en dirección opuesta al itinerario que hará la “Morenita” tres días después. Será allí el último escenario, bañado con sudores, sufrimientos, satisfacciones y por los primeros rayos del sol, donde se dará por finalizado el entrañable acto lustral. Se dirá entonces, “¡Hasta el año que viene!”, un año que durará un lustro.

“Sucede que, en la noche del Jueves Grande de la Bajada, unos misteriosos Enanos de redondeados bicornios – sátira y mofa de Napoleón Bonaparte en sus lejanos comienzos – se echan a las calles palmeras y es tan bello, gracioso y hondo su baile, tan alegre el sacrificio que impone a danzarines y mirones que quien los recuerda no se los pierde y quien los ve por primera vez no los olvida”.
El Secreto del Enano.

BIBLIOGRAFÍA

FERNÁNDEZ GARCÍA, Alberto-José (1980). La Danza de Los Enanos. V. Centenario de la Fundación de Santa Cruz de La Palma. Tríptico. Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, 1993
COBIELLA CUEVAS, Luis. «Pregón de la Bajada de La Virgen. 2000». La Voz de La Palma, nº 109 (del 7 al 28 de julio), 2000.
MARTÍN, Miguel. «La Danza de Los Enanos» La Voz de La Palma. Especial Bajada 2000, nº .109 (del 7 al 28 de julio), 2000.
HERNÁNDEZ PÉREZ, María Victoria. La Isla de La Palma. Las Fiestas y Tradiciones. 1ª ed. Tenerife; Gran Canaria: Centro de la Cultura Popular Canaria; [Santa Cruz de La Palma]: Cabildo de La Palma, 2001.
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«Antonio Méndez, “el uno con punto”: treinta años de vivencias y recuerdos». La Voz de La Palma, Especial Bajada, nº 108 (del 23 de junio al 7 de julio de 2000)
«Los enanos apócrifos. Una aventura que nació y murió en El Paso». Diario de Avisos (15 de febrero de 2004) p. 47.
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JOSÉ GUILLERMO RODRÍGUEZ ESCUDERO
SANTA CRUZ DE LA PALMA


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