BAJADA LUSTRAL DEL TRONO
DE LA VIRGEN DE LAS NIEVES
 
Bajada del Trono 2010
Bajada del Trono 2005

“Aquí se vuelca el alma palmera, siempre dada a emocionarse y a mostrar sanamente esa pura emoción. Influye en esa circunstancia el medio ambiente, que nos aprisiona con su embrujo; embrujo que vierte el sugestivo panorama del pasado que, por obra y gracia de la tradición hecha arte, cobra vida. Desfilan ante nuestros ojos, nuestras danzas, nuestros trajes, nuestros decires de antaño. En este día típico en honor a la Patrona se despliega espontáneo ese abanico; las tradicionales esencias surgen impregnadas de generosa emoción. El pueblo canta y su alma aflora a sus labios en el sonido volandero… Día de colorido, contento, arte y fe, que forman la ofrenda a la Virgen, que se expande en alas del viento y trenza a la vez danzas vistosas y señoriales.”

José Lozano Pérez, 1950

Dentro de los actos de la Bajada de La Virgen de Las Nieves cada cinco años a la capital de la isla, se encuentra una de las romerías más multitudinarias que se organizan en el Archipiélago Canario. Se la considera la más antigua manifestación popular festiva de los actos tradicionales de las fiestas en honor a la “Virgen Negra de La Palma”.
En el primer domingo de la “Semana Chica” de las Fiestas Lustrales tiene lugar, por la mañana, la procesión de la “Subida de la Bandera de María” desde las Casas Consistoriales hasta el Castillo de la Virgen. Por la tarde, y tras la Misa de Romeros en el Real Santuario ante la “Morenita”, se inicia la festiva y colorista romería de la “Bajada del Trono de Plata”, por los Caminos Reales de la Dehesa, del Planto y de la Encarnación hasta la Plaza de España de la capital palmera.

Uno de los programas de estas señaladas festividades más antiguos que se conservan es el de la Bajada de 1860. Su encabezado dice “Por acuerdo de la Asociación Palmense de María, se fija al público el orden de las funciones civiles y religiosas que han de tener lugar en la bajada de Nuestra Señora de Las Nieves á esta Ciudad, y son las contenidas en el siguiente Programa…”. Está escrito a mano y firmado por “el presidente J. Miguel Pereyra y el secretario José Lorenzo Ferrer”. Allí se lee: “Lunes 9 de Abril, la orquesta se apostará en la Alameda, tocando varias piezas y a la parada del Trono de la Santa Imagen, frente al Castillo de la misma, le hará un saludo (esto será por la tarde)”.
En el Programa de las Fiestas Lustrales de 1870, se aclaraba que “desde este año, estando el Arcipreste de la Isla don José Agustín Hernández, que al no ser festivo ya el Lunes y Martes de Pascua, se bajase el trono el Domingo primero de “Cuasimodo”, día en que se fijaría la Bandera”.

En los programas sucesivos, por ejemplo los correspondientes a las Bajadas de 1885 (domingo 5 de abril) y 1890 (domingo 6 de abril), se lee exactamente lo mismo: “Por la tarde se traeran del Santuario de las Nieves á la parroquia matriz de esta ciudad el trono de plata que ha de preparse para colocar dicha Santa Imagen”.

Así mismo, en el Programa de las Fiestas del domingo 19 de junio de 1955, se leía: “A las 6, traslado del Trono: saldrá de la Plaza de Las Nieves la Romería que conducirá el Trono de la Santísima Virgen desde su Santuario hasta la Parroquia Matriz de El Salvador. A su paso por la Cuesta de La Encarnación el “castillo” y la “Nave” de María harán salvas. En la Plaza de España recibirán los romeros los premios del concurso y continuarán haciendo sus exhibiciones hasta altas horas de la madrugada. Se entregará un premio a la rondalla más numerosa y bien ataviada que se presente en la Plaza de Las Nieves y a la mejor pareja regional…”

Afortunadamente, que se sepa, jamás ha habido problemas en el traslado y en la entrega del fabuloso trono, auténtica joya de orfebrería. Todas las piezas han salido y llegado a su destino sin incidentes. Sin embargo, en el programa de los festejos de 1890 se lee: “Anécdota: el trono no lo dejaron bajar el día correspondiente”.

El palmero, orgulloso de sus tradiciones y enamorado de su Patrona, es consciente de la importancia y valor del tesoro que lleva entre sus manos. En algunas ocasiones, se ha visto cómo alguna señora, cansada pero feliz, porta un trozo de trono con el hábito de la Virgen de Las Nieves, “señal inequívoca de que cumple una promesa”.

“Antes de que el folclore fuera uso obligado de las fiestas isleñas, la traída del trono era cosa propia de los lugareños que, desde la víspera y a su modo, celebraron los prólogos de la Bajada. En la noche del sábado una gala con grupos isleños, peninsulares, europeos, americanos, ambienta unas horas de exaltación folclórica que, al día siguiente, tienen por protagonista a un altar de plata”.

Luis Ortega Abraham, «El Motivo», 1995

Desde que el Obispo García Jiménez instaurara en 1676 la Bajada de La Virgen cada lustro y ordenara que la Santísima Virgen fuera colocada en “trono decente”, se inició esta piadosa y festiva costumbre que ha llegado hasta nuestros días. El actual Cronista Oficial de la capital palmera, don Jaime Pérez García, publicó una detallada y minuciosa crónica de lo vivido en la Bajada de 1815: “…llegó por fin el rancho de trono, sagrario, andas, barandas, perillas, gigantes, clarín, banderas, tambores, ramos, etc. El Castillo hizo saludo real y el Barco, lo mismo, todo ello acompañado de vivas y tanta algazada que parecían los moros… y dio de refrescar a todos aquellos que habían venido cargando dichas piezas…”. En este manuscrito, reproducido y enriquecido por las notas a pie de página de Pérez García, se desprende que con mucha antelación del comienzo de los festejos se adecentaba el entorno del Barranco de Las Nieves y la Plaza de La Alameda, donde había “gran concurso de gentes” que participaban en cuatro bailes “tres de marineros (folías), y uno de campo (tajaraste)”, además de gigantes, preparación del barco y el castillo que hacían demostraciones “varias evoluciones con las velas y el Castillo hizo también mucho fuego…”

Un extracto del diálogo que se celebraba ante el avistamiento del Trono de Las Nieves es el que se custodia en la Sociedad La Cosmológica de esta ciudad. Se trata de un manuscrito firmado por don José Pinto y Guisla:

Castillo: “Alistarse y ponerse en batería
Pues ya llega el trono de MARIA
Al cual va a saludar mi artillería
Celebrando en su día con respeto
La importante visita de este objeto”
Navío: “Enhorabuena sea tu llegada
Y su pase también por esta rada:
Venga el trofeo de tan portento
Mi artillería está pronta, y al intento
Aprueba de este Fuerte el pensamiento”.
(Comienzan las salvas reales)

Se la ha definido como “la romería más divertida y singular de las que se convocan por estas latitudes”. Divertida en cuanto convoca a palmeros de dentro y fuera y canarios de todos los rincones de las islas que aportan sus variados atuendos y folklore; y singular, como dice el periodista Luis Ortega Abraham: “porque es el único evento romero, que se sepa, donde ni va ni cuenta el santo”.

“Los magos, con mochila y guitarreo
versiadores de fiestas
peregrinos de la Virgen.
Llevan cada trozo del trono
por la Dehesa.
Bajando por el camino Romeros
cantando y alegres
En La Encarnación llegan
carretas y ¡adelante!.
En la Calle Real
espera todo un pueblo,
para ver llegar los trozos de plata y
repiques de campanadas llenos de
fuego y calor, el pueblo sabe que
se vive del vino y del folklore…” «Bajada del Trono», Programa de 1980.

Y así es. La interminable muchedumbre de romeros ataviados con los trajes típicos, transporta lo que también se llama el “Equipaje de La Virgen”, es decir, el trono despiezado en cuarenta y dos partes y las andas de plata, o llamado también “trono chico”. Las veinticuatro campanillas de plata que cuelgan de los laterales del techo del trono, no paran de sonar ya que los peregrinos lo hacen bailar y girar sobre sí, elevándolo con una sola mano sobre las cabezas de los portadores, al ritmo de la música canaria, eso sí, con el máximo de respeto y fervor, hasta la Parroquia Matriz de El Salvador. En este suntuoso templo será entregado y ensamblado y aguardará, vacío, en la capilla mayor y bajo dosel de terciopelo y oro, la llegada de “La Morenita” el Domingo Grande.

Originalmente fueron los campesinos de los pagos vecinos a la ermita los que cargaban las piezas de plata labrada y las andas de baldaquino de Las Nieves. Retomando las palabras de Luis Ortega: “…del frugal cortejo de antaño se saltó a un desfile abigarrado y multicolor que recorre, entre cantos y bailes de la tierra, el mismo trayecto que hará la Virgen dos semanas más tarde”.

TRAJES TÍPICOS

“Concentración de romeros, ataviados con trajes típicos, rondallas, parrandas, grupos carretas, carrozas y corsas en La Alameda, desde donde seguirá el cortejo… Entregado el Trono, misa de acción de gracias en El Salvador y, a su término, Fiesta del Pueblo Palmero… que se prolongará hasta el amanecer…” Programa, 2000

Efectivamente, la actual romería se ha constituido en un excelente expositor de nuestra rica vestimenta denominada “típica”. Unos trajes tradicionales que en La Palma se han conservado de generación en generación, plenamente arraigados en el pueblo, sin recreación alguna de artistas y estudiosos del tema. Lamentablemente esto no sucede en otras islas, donde se conjugan vestimentas tradicionales que han llegado a sufrir la evolución de la moda, aunque finalmente el pueblo las haya asumido y folclorizado plenamente o en otros casos han sido simplemente copias, etc. En el caso palmero, se trata de una ocasión excepcional para admirar la riqueza de nuestro variado vestuario, asumido por el pueblo con la denominación de “traje típico”.

Se dan cita romeros ataviados con el traje de gala palmero, con brocados y sedas, de colores teñidos con tintes naturales donde predominan las materias a base de cochinilla, gualda, índigo, eucaliptos y gualda; se aprecian las monteras masculinas de terciopelo, los pantalones del mismo material, en negro, azul o marrón, la rica botonadura del chaleco, camisas y calzoncillo bordados en blanco a realce, fajas de seda de distintos colores, polainas de lana en color natural y zapatos negros de piel. Las faldas de seda en la mujer, predominando las gamas de tonos morados, azules y marrones, enaguas recargadas de ricos bordados, mantillas de seda con flecos.. sombreros de colmo, adornados con plumas, cintas, encajes, flores… las tocas o gasas de seda en color natural, una pechera o pechillo ricamente bordados donde se lucen las joyas, etc.

Otros romeros eligen los ricos trajes palmeros de manto y saya, tradicionalmente distintivos de las gentes más poderosas y ricas. La elegancia de la mujer se hace patente cuando luce sobre la gasa de seda unos tocados especiales: el sombrero de copa de color negro. El hombre normalmente usa una librea o casaca de lana mientras que el pantalón suele ser de seda, terciopelo o lana de diferentes colores. Se da la circunstancia que en este vestido no lleva polainas sino unas medias y unos escarpines negros. También el hombre usa sombrero de copa de color negro. En este caso también la mujer es revestida con una segunda falda colocada sobre la otra, de distinto color, recogida por la parte de atrás hasta los hombros o cabeza, como en el caso de la vestimenta de Villa de Mazo. Una elegante modalidad en la que se destaca el colorido de los tintes naturales. En el caso de San Andrés y Sauces, es identificado el hombre por llevar una corbata de lazo en terciopelo y chaleco en rico brocado bajo la librea. La mujer suele mostrarse con el rostro más despegado para lucir un rosario de azabaches colgado al cuello. En el caso del Valle de Aridane, destaca la sobriedad por el predominio del color negro y el uso en el hombre de chaquetilla corta en seda sobre un chaleco de brocados y fajín de seda.

Sin embargo, la mayoría de los romeros van ataviados, por ser más cómodos y manejables, los llamados trajes de faena o campesinos que son los que cuentan en La Palma con más variantes. Así, en el de Tazacorte, por ejemplo, zona costera y cálida, se usa un sombrero de ala ancha y hay ausencia de bordados salvo en las enaguas de la mujer. Predomina el lino en la camisa, calzoncillo y mandil del hombre. En el caso del traje de medianías, como Tijarafe, el hombre usa montera, chaleco y pantalón de lana y zamarrón de cuero, camisa y calzoncillo de lino, polainas en color natural… la mujer, por ejemplo, lleva un tocado con sombrero de colmo adornado de flores, un justillo de damasco o seda bordada, una esclavina o capa de lana, etc. En Garafía, como en el resto de zonas altas y frías, destaca el uso de la lana en sus monteras, polainas, pantalón, chaleco (en el hombre) y en las faldas de la mujer. Están profusamente bordadas en negro las enaguas y blusa femenina, y en la camisa y calzoncillo del acompañante. El asociado con Puntallana se distingue porque la mujer lleva una montera de ala corta y una manteleta de seda con flecos y justillo de damasco. Es singular también la forma en que queda recogida la falda en ambos laterales. El hombre lleva una alforja típica, entre otros distintivos.

En cada uno de los trajes identificados actualmente con los catorce municipios palmeros, se van distinguiendo una variedad de tocados, justillos, polainas, fajas, monteras, sombreros, mantillas, bordados… donde el colorido se realza con la riqueza de los tejidos utilizados.
En definitiva, se abre ante nuestros ojos un cuidado desfile multicolor donde se hace patente una vez más, a pesar de las tristes y bochornosas excepciones, cómo el pueblo palmero mima los detalles y se siente orgulloso al mostrar a propios y extraños un legado tan importante que ha recibido de sus ancestros y lucha por no perder una seña de identidad como ésta.

En el programa de la Bajada de 1970, por poner un ejemplo, se pone de manifiesto este tipismo tan arraigado en nuestro entorno festivo:

“… a las 11 de la mañana comenzarán a concentrarse los romeros en la Plaza de Las Nieves. A partir de esa hora hasta la salida del Trono se efectuarán saltos de regatón y exhibiciones folklóricas a cargo de Los Sabandeños y los Grupos y Coros y Danzas de la Sección Femenina de Zaragoza y esta localidad… a las 4,30 de la tarde, Misa Canaria, que será cantada por Los Sabandeños… Terminada la Misa, se organizará la romería… por el trayecto se establecerán puestos que servirán la típica sangría a los romeros…el ayuntamiento dispone de seis “corsas” (trineos tirados por bueyes) que serán subastadas entre las personas que deseen utilizarlas en la romería. La licitación inicial será de dos mil pesetas…”

CONSTRUCCIÓN DEL TRONO

En la documentación que posee el Santuario de La Patrona de La Palma, de fecha 3 de octubre de 1672, figura haberse fundido varias piezas de plata que tenía “La Morenita” para construir el magnífico y valioso trono del mismo metal, de estilo barroco, que hoy podemos admirar.

Los primeros objetos que se emplearon en esta fabulosa obra fueron donación del Conde de La Gomera, don Gaspar de Guzmán, de don Miguel de Ceballos, de don Antonio Vasconcelos, de don Pedro Camacho y de don Pedro Massieu Van Dalle. Más tarde se añadirían muchos más nombres de acaudalados caballeros y de prestigiosas familias, amén de numerosos fieles y devotos de la Virgen, que, a través de los años harían nuevas aportaciones de objetos que, después de fundirlos, servirían para este trono, aparte de la plata adquirida con el peculio de la ermita.

Aquel mismo día de 1672, el orfebre don Diego González apreció todas las joyas de plata de la iglesia. Con ello se deduce que pudiera ser quien iniciara esta importante obra de arte.
El profesor Pérez Morera, en sus notas históricas incluidas en la obra Descripción verdadera de los solemnes Cultos… nos dice lo siguiente: “el trono barroco de plata repujada de Nuestra Señora de Las Nieves fue realizado bajo la mayordomía del Alguacil Mayor del Santo Oficio don Diego de Guisla y Castilla. El citado mayordomo obtuvo licencia del señor Obispo don Juan Ruiz Simón, dada en la Laguna el 13 de septiembre de 1708”. El investigador palmero incluye así mismo el siguiente párrafo extraído del Libro II de Cuentas de aquel año:

“… se a hazer un trono de plata para el mayor Culto y Beneración (de la) Santíssima Ymagen y que tiene Cantidad de plata y algunas p(ren)das que son excusables que pueden ayudar a mucha parte de dicho (trono) y aviendo pedido informe a nuestro Vicario de dicha Ysla nos dise a(ver) pasado a la Iglesia de nuestra Señora y aver registrado la plata que se pue(den) aplicar a dicho trono (…) y asimesmo damos licencia para que se pue(da) pedir limosna para ayuda de aCavarse y perficionarse dicho trono y (con)sedemos quarenta días de Yndulgencia acostunbrada a todas las p(erso)nas que dieren limosna para dicho fin de acavarse y perficionarse…”

Más tarde, en 1712, se dice que el trono de plata está “a más de medio hacer” y en 1718 es inventariado de esta forma, según constata aquel historiador: “un trono que consta de quatro gradas con su sagrario todo de plata que se a hecho de nuevo y tiene cient marcos cinco onzas y ocho adarmes.”

El 16 de julio de 1733 se consigna haberse hecho la última grada y sus remates laterales.Las cuentas de ese día recogen el gasto de cinco reales correspondientes a “un despacho del Señor Obispo Don Feliz Bernuy para que no se traiga el trono de plata ni el ornamento de tela a la Ciudad”. Así se confirma que el fabuloso trono fue realizado en un largo período de tiempo y, en consecuencia, trabajado por diferentes orfebres insulares, configurándose como un verdadero testimonio de piedad, devoción y arte, aportado por numerosas generaciones que han querido rendir honor y tributo a la Patrona de La Palma y de los Palmeros. Un ejemplo de los artífices plateros afincados en la capital palmera son los orfebres Diego Viñoly, hijo del también platero Silvestre Viñoly. También destacaron Antonio Fernández Romero y Diego Sánchez de La Torre. Pérez Morera concluye diciendo que alguno de estos orfebres “pudo haber sido el realizador de la obra”.

La grada superior, la más alta de todas, se construyó en 1967 y fue sufragada por don José Duque y Martínez y familia. Se sustituyó así una de madera tallada. Fue realizada en La Laguna por don César Fernández Molina. Se forma así una especie de pirámide de plata en cuya cúspide se sitúa el trono de la Imagen. Sobre los peldaños se colocan numerosos búcaros de plata y candeleros con velas para adornar el altar. Coincidiendo con el color de los diferentes trajes de la Virgen, así serán las flores empleadas en la exquisita decoración.
El altar-trono festivo completo tan sólo se arma una vez al año, para las celebraciones de las fiestas de la Patrona insular durante todo el mes de agosto. Cada cinco años tiene lugar la Bajada, por lo que éste, es trasladado a El Salvador en romería, dentro de los importantes actos del amplio programa y allí queda expuesto todo el mes de julio. Más tarde se vuelve a colocar en el Santuario, durante todo el mes de agosto, para que, tras la Subida de la Virgen, en el día de su onomástica, 05 de agosto, sea allí entronizada. Muchos curiosos no quieren perderse el emotivo momento en el que las andas de baldaquino descienden lenta y majestuosamente por detrás del trono mediante un mecanismo invisible y silencioso, unos momentos antes de la procesión de La Virgen de Las Nieves, y cuando se produce el momento de elevación, tras su entrada y recolocación, emotivo instante que tradicionalmente es acompañado con un gran aplauso por los presentes.

EL SAGRARIO

El sagrario fue hecho en 1713, perfeccionándose en 1720. Sobre él se sitúa un magnífico “Stabat Mater” pequeño, en el que destaca la Dolorosa, nimbada por un sol de plata, de estilo flamenco y que fue donación de don Alvaro Rodríguez Fernández. Se sitúa a los pies de un magnífico crucificado cuya cruz de madera noble está adornada por embellecedores de plata repujada en forma de coronas. Todo este conjunto también está nimbado, nuevamente, por un gran sol de plata de veintiún rayos. La puerta del bello sagrario tiene tallada la figura de un “Agnus Dei” o Cordero de Dios flanqueado por un banderín y en el centro de una mandorla.

EL FRONTAL

La donación del frontal de plata del trono de la Virgen consta ante el escribano don Antonio Vázquez el 5 de junio de 1714. En este mismo día el Capitán “de a Caballo” don Francisco Ignacio Fierro de Espinosa, Sargento Mayor de La Palma, compareció ante dicho fedatario y declaró que su cuñado, don Juan Vicente de Torres Ayala y Santa Cruz, presbítero palmero y vecino de la ciudad cubana de Villa de Guanabacoa, le había enviado dicha pieza para Nuestra Señora de Las Nieves, la que fue entregada a su Mayordomo. En carta fechada por el señor Torres en La Habana, a 19 de enero de ese año, había dispuesto que sólo se usara en las festividades de La Virgen, como así ha sido hasta nuestros días. Otra de las condiciones era que habría de acompañar a la Virgen en sus desplazamientos, como también sigue ocurriendo en las visitas quinquenales de la imagen a la capital palmera.

Este frontal está formado por una chapa de plata recubierta de abundante decoración relevada que se distribuye en siete paneles verticales bajo una ancha banda longitudinal de la que los separa una moldura de perfil sinuoso. Sus medidas son 340 x 106 cms. El pormenorizado estudio efectuado por la querida y desaparecida profesora palmera Gloria Rodríguez sobre la platería americana en La Palma, y más concretamente sobre este frontal, ha sido una obligada e indiscutible referencia. Siguiendo con éste, allí se nos describe que los paneles rectangulares (68 x 45 cms) van bordeados por una moldura en la que se repiten motivos florales en torno a un marco de pequeñas bolas; dentro de ellos se han representado alegorías marianas tomadas de los textos del Antiguo Testamento: una palma, una fuente, un ciprés, una torre, un olivo, un pozo y otra palma. La ornamentación también incluye cabezas humanas de facciones indígenas muy marcadas, pájaros saliendo de flores, roleos vegetales, etc. Todo el conjunto toma un significado que va más allá de lo puramente decorativo y expresa plásticamente un cántico a la Virgen de Las Nieves.

LOS FAROLES

Los seis magníficos faroles ochavados de plata repujada, que acompañan escoltando a la Virgen en sus “Bajadas y Subidas” a Santa Cruz de La Palma, fueron mandados a construir en 1768, y en cuyo interior se colocan encendidas las llamadas “Velas de la Piedad”. Cuatro de ellos fueron sufragados por el caudal de la imagen y los dos restantes por la Hermandad del Santísimo de aquella parroquia.. El 30 de diciembre de 1778 la citada Hermandad – fundada después de 1680 - se descarga con 2.250 reales, importe de las dos piezas.
El número de hermanos había de ser más de 24, más el párroco. Ya en estas constituciones se ordenaba el acompañamiento de la Hermandad en todas las procesiones que se hicieran con la imagen de la Patrona Palmera:

“Ytem que el día de la fiesta de nuestra Señora de las Nieves titular de esta iglesia y en otra cualquiera fiesta en que se saque la Santa Ymagen en procesión o quando se llevare a la Ciudad y se bolviere a su casa an de asistir los hermanos con sus opas y medallas y luzes en las manos alumbrando en las processiones a la Santa Ymagen” (Archivo Parroquial de Las Nieves, Libro de Constituciones de la Hermandad del Santísimo Sacramento)

El profesor Pérez Morera también nos informa en sus notas históricas en la obra Descripción Verdadera de los solemnes Cultos…de que precisamente fue en la Bajada de 1765 cuando varios devotos de la “Morenita” ofrecieron costear cuatro faroles de plata, a fin de alumbrar a la Virgen en sus salidas procesionales. “El visitador don Felipe Alfaro dejó ordenado en 1768 que Don Juan de Guisla y Pinto, mayordomo de la parroquia de Las Nieves, pusiera en obra los mencionados cuatro faroles. De igual modo, dispuso que la Hermandad del Santísimo entregase al citado mayordomo 2000 reales del alcance de las cuentas, para que se realizaran otros dos faroles más y así complementar la media docena”.
Si no se celebra la “Bajada”, ese año se colocan simétricamente en torno al trono y también sobre las dos barandillas de plata del presbiterio con luz artificial en su interior para un mayor realce de la magnífica decoración del altar.

LAS ARAÑAS

Se trata de una pareja de arañas de dos cuerpos, con una altura total de 56 cms, con tres brazos cada uno y que cuelgan a ambos lados del altar-trono. Toman la forma de esferas achatadas con decoración superpuesta y van separados entre sí por un elemento cilíndrico con asas adosadas que se repiten en el perillón del remate inferior. El cuerpo mayor se decora con tres espejos circulares, bordeados por unas hojas de acanto caladas. Mediante un juego de cartelas se sirve de enlace a unos querubines donde se apoyan los tres mecheros. El cuerpo superior es más pequeño con la misma decoración y elementos vegetales y mismos angelotes que sirven de base a otros tres mecheros. Se cree que su donante, don Felipe Lazcano y Gordejuela (1658-1715)- cuyo nombre está inscrito en el cuerpo inferior-, las trajo de las Indias aproximadamente hacia 1692. Estas piezas están siempre fijas, custodiando a ambos lados del retablo barroco a la “Virgen Negra de La Palma” y no son trasladadas en la romería, pero son parte importante del tesoro del templo y de la platería americana allí existente. Merece una mención especial en este apartado sobre el trono de plata repujada de Nuestra Señora, ya que, si bien no forma parte de él, sí lo complementa y embellece.

LAS BARANDAS

Las barandas de plata que están a los lados del presbiterio fueron abonadas por varios devotos el 10 de septiembre de 1757. Se trabajó primero la situada en el lado del Evangelio, y en ella se invirtió parte del legado de mil pesos fuertes dejados por don Domingo Pantaleón Álvarez de Abreu, Arzobispo de Puebla de Los Ángeles y natural de esta isla. También se sumó, para la conclusión de la obra, el donativo de 50 onzas de plata efectuado por el teniente coronel don Juan Vélez de Ontanilla y Guisla. El sargento mayor de las milicias, don Santiago Fierro Santa Cruz, casi simultáneamente, prometió cubrir de ese mismo metal la segunda barandilla. Al no encontrarse ningún gasto sobre el particular en los archivos parroquiales, se supone que el caballero cumplió su ofrecimiento.

LOS BLANDONCILLOS

Se trata de seis candeleros o blandoncillos, cuya altura es de 65 cms, de los cuales cuatro fueron enviados de Indias y otros se hicieron en La Palma, copiando el mismo modelo. Tienen desarrollada la parte superior, formada por un cuerpo troncocónico invertido entre dos cuerpos bulbosos y achatados. Su diámetro en el pie circular es de 22 cms. La decoración en la base, gollete y copa superior repite temas característicos del siglo XVIII: gallones, espejos ovales y cartelas en forma de “ces”. Fueron enviados de Las Indias por don Diego de Monteverde antes de 1681, según el Archivo Parroquial e Inventario de ese año. Estos candeleros tuvieron gran influencia en La Palma, pues se tomaron como modelo para los de la parroquia de El Salvador, que se hicieron en 1688.

LAS HORQUILLAS.

Estas cuatro sencillas varas de plata, confeccionadas en plata en su color en La Habana hacia 1706, son configuradas por seis cañones lisos separados por arandelas salientes cuyas medidas son: 14 x 9,5 cms.; vara, 126, 5 cms. Como informaba la historiadora palmera Gloria Rodríguez, sobre la vara “se apoya un cuerpo semiesférico achatado en su parte inferior y troncónico en la parte superior, que sirve de base a la horquilla propiamente dicha. Ésta se compone de dos elementos sinuosos de carácter vegetal entre los cuales descansan los varales de las andas procesionales”.
En el Archivo Parroquial del Santuario, concretamente en los Inventarios de 1697 y 1706, se recoge que fueron enviadas desde la capital cubana de limosna por el licenciado Amaro Rodríguez de Herrera.

LAS ANDAS DE BALDAQUINO

Las andas de baldaquino de plata repujada, las más antiguas que se conocen en el Archipiélago, decoradas con motivos barrocos, datan de 1665 y su construcción se efectuó siendo administrador de las cuentas de fábrica el Sr. Guisla Van de Walle, que hizo grabar su nombre en los espejos elípticos que aparecen en los laterales de la base. Fueron encargadas al prestigioso orfebre palmero don Pedro Leonardo Santa Cruz, Capitán de las Milicias, pero falleció sin haberlas acabado. Por este motivo hubieron de ser enviadas a Tenerife donde se le dieron fin. Su costo total fue de 11.399 reales, según se detalló en las cuentas del 1 de agosto de 1698.

Sobre la peana central de plata donde va colocada la Virgen, a sus pies, está fijada un creciente de luna, regalo de don Juan de Oviedo, según la documentación de 1681. Años más tarde, en 1706, esta pieza se bañó en oro gracias a la generosidad de don Ambrosio Rodríguez de La Cruz, natural del Realejo Bajo y vecino de esta ciudad.

Se contabilizan 876 reales y 12 maravedíes gastados en la plata que se empleó en los remates y perillas que se colocaron encima de la cornisa del baldaquino, donde van insertados varios ramilletes de flores blancas. La plata de la mandorla o sol que nimba a la venerada imagen la donó doña María de Las Nieves Pinto y Vélez de Ontanilla, y la hechura y dorado se pagó con dinero propio del Santuario. Consta en 29 de diciembre de 1768 y se realizó en Tenerife. Se compone de un óvalo dorado y repujado del que cuelgan doce estrellas , seis en cada lado, y una paloma de plata (representando al Espíritu Santo), que pende sobre la corona de la Virgen, balanceándose con el movimiento del trono.

El orfebre Fernández Molina hizo un jarro de plata para sustituir al de madera que tenía las andas en el centro de su techo, a petición del devoto don Rafael De La Barreda y Díaz y familia.

BIBLIOGRAFÍA:

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- Idem, La iglesia de El Salvador de Santa Cruz de La Palma, Madrid, 1985.
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Programas de las Bajadas de 1860, 1885 y 1890, Archivo General de La Palma, Archivo FSFC.

JOSÉ GUILLERMO RODRÍGUEZ ESCUDERO
SANTA CRUZ DE LA PALMA


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